viernes, 8 de enero de 2021

Fragmentos de nieve en Madrid

Fumaba y no decía nada, parecía sacado de la generación Beat, miraba al final de la calle mientras los copos de nieve bailaban a su al rededor. Era la hora de la cerveza de la mañana, entre las once y media y las doce, no fallaba. Hoy llevaba un abrigo largo, demasiado elegante, contrastaba con su barba descuidada, su piel ajada y un gorro que le daba aspecto de mendigo.



Un hombre mayor lleva la cabeza cubierta con una boina, camina más rápido que nunca con las bolsas de la compra en una mano, pero la curiosidad le puede y acaba deteniéndose unos segundos. Alzando la mirada contempla el andamio que levantaron hace dos días en este edificio.

Otro hombre anda con paso lento, se apoya con una mano en un viejo sofá abandonado junto a los contenedores, y con la otra agarra fuertemente su bastón, para bajar de la acera, y se aleja con paso trémulo por la calzada. Este tampoco puede evitar detenerse unos segundos a admirar nuestro nuevo andamio.

*

Los copos siguen bailando a nuestro al rededor, aclarando poco a poco las desnudas ramas de los árboles, el banco se ha cubierto de una finísima capa blanca. Los pequeños gorriones huyen asustados del ruido de las obras, que de manera intermitente rompe el no-silencio de la ciudad. Cuando este cesa regresan a las escuálidas ramas, mirando hacia todos lados con movimientos rápidos y precisos.

El señor del bastón vuelve por donde ha venido, con la misma bolsa por donde asoma el pan, con la misma parsimonia. 
Ha aumentado el tamaño de los copos, la velocidad a la que caen. Las calles llevan días cubiertas de sal.

*

Al fondo la colonia del ferroviario se yergue entre los arboles deshojados, pinos y copas teñidas de amarillo. Auguran que mañana los tejados amanecerán cubiertos de blanco. Ya me imagino el alfeizar de la ventana con tres dedos de nieve, mi mano presionando el hielo y marcando su forma temporalmente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario