jueves, 21 de enero de 2021

2 libros sobre la relación madre-hija

El año pasado leí estos 2 libros que tratan la relación madre-hija o mejor dicho, la relación de una hija con su madre, pues todos están escritos desde el punto de vista de la hija.  

Apegos feroces de Vivian Gornick 

Caminando por las calles de Manhattan Gornick recuerda la historia compartida, lo vivido y lo no vivido, no sólo los acontecimientos si no también todas las frustraciones y emociones que han acompañado a la relación con su madre. Recuerdo la sensación de disconfor que me generaba ver plasmado tan abierta y brutalmente esa relación disfuncional.  

Nada se opone a la noche de Delphine de Vigan 

De este libro escribí en mi cuaderno:

"Este libro me ha golpeado y me he quedado un poco vacía al terminarlo. La complejidad de las relaciones familiares, la infancia, rencores enquistados, enfermedades, muertes prematuras, traumas...este libro habla sobre la vida en sí misma, quizá por eso duele. Nos vemos reflejadas en aquello que hemos vivido, o en cosas que sabemos que podríamos haber vivido o que podríamos vivir. Nos muestra de una manera cruda lo que se siente pero no se ve."

miércoles, 13 de enero de 2021

I. Enero

esto no se va a repetir y
quieres atesorarlo
no lo vives, buscar la manera
de apresarlo, para que no escape
pero escapará 
escapa
y tus manos vacías ni siquiera
podrán decir que lo rozaron

viernes, 8 de enero de 2021

Fragmentos de nieve en Madrid

Fumaba y no decía nada, parecía sacado de la generación Beat, miraba al final de la calle mientras los copos de nieve bailaban a su al rededor. Era la hora de la cerveza de la mañana, entre las once y media y las doce, no fallaba. Hoy llevaba un abrigo largo, demasiado elegante, contrastaba con su barba descuidada, su piel ajada y un gorro que le daba aspecto de mendigo.



Un hombre mayor lleva la cabeza cubierta con una boina, camina más rápido que nunca con las bolsas de la compra en una mano, pero la curiosidad le puede y acaba deteniéndose unos segundos. Alzando la mirada contempla el andamio que levantaron hace dos días en este edificio.

Otro hombre anda con paso lento, se apoya con una mano en un viejo sofá abandonado junto a los contenedores, y con la otra agarra fuertemente su bastón, para bajar de la acera, y se aleja con paso trémulo por la calzada. Este tampoco puede evitar detenerse unos segundos a admirar nuestro nuevo andamio.

*

Los copos siguen bailando a nuestro al rededor, aclarando poco a poco las desnudas ramas de los árboles, el banco se ha cubierto de una finísima capa blanca. Los pequeños gorriones huyen asustados del ruido de las obras, que de manera intermitente rompe el no-silencio de la ciudad. Cuando este cesa regresan a las escuálidas ramas, mirando hacia todos lados con movimientos rápidos y precisos.

El señor del bastón vuelve por donde ha venido, con la misma bolsa por donde asoma el pan, con la misma parsimonia. 
Ha aumentado el tamaño de los copos, la velocidad a la que caen. Las calles llevan días cubiertas de sal.

*

Al fondo la colonia del ferroviario se yergue entre los arboles deshojados, pinos y copas teñidas de amarillo. Auguran que mañana los tejados amanecerán cubiertos de blanco. Ya me imagino el alfeizar de la ventana con tres dedos de nieve, mi mano presionando el hielo y marcando su forma temporalmente.